Un excelente pensador y científico, atrevido provocador y burlón, Stephen Hawking vivió una vida increíble. Su autoridad en el mundo científico era extremadamente alta, y su imagen se replicaba ampliamente en la cultura de masas, desde la serie criminal CSI a la serie animada «Los Simpson» y «Futurama». En los acontecimientos de su vida se han basado varios largometrajes. Él interpretó a sí mismo en las serias sumamente populares «Star Trek» y «La Teoría del Big Bang». Era un hombre inteligente y arrogante para con quienes sabían y comprendían un poco menos que él y escribió libros sobre la estructura del Universo comprensibles incluso para los niños. Era el padre de tres hijos y un hombre cuyo amor disputaban las mujeres.

Una grave enfermedad y la vida vivida en una silla de ruedas, la parálisis y el mutismo forzado fueron en realidad pruebas duras que, sin embargo, no parecen haber impedido al científico alcanzar sus objetivos y éxitos en cualquier dominio.

El 14 de marzo de 2018, el corazón de Stephen Hawking se detuvo. Sin duda, es una pérdida trágica para sus seres queridos. Pero contrariamente a los argumentos científicos y lógicos, aún sigue una fantástica esperanza de que Hawking simplemente emprendió algo nuevo y se fue a comprobar otra teoría suya.

Genio

Los futuros padres de Stephen Hawking se reunieron en Londres, en un instituto de investigación médica poco después del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Sentían vivo interés por la ciencia y cursaron estudios en la Universidad de Oxford: el padre estudió medicina y la madre, filosofía y economía. En 1942, por temor a los bombardeos, Frank e Isobel Hawking se mudaron de Londres a Oxford donde vino al mundo su hijo Stephen.

La familia Hawking prestaba mucha atención a la educación de sus hijos. Probablemente por esa razón, Stephen siempre sabía más que sus compañeros, aunque estudió con interrupciones debidas a las enfermedades o a las mudanzas relacionadas con las investigaciones científicas de su padre. En la escuela, se le apodaron Einstein debido a un rendimiento académico muy alto. Stephen Hawking estudió matemáticas, física y química por su cuenta, adelantando mucho el plan de estudios en la escuela. En marzo de 1959, un año antes de sus compañeros, aprobó los exámenes de admisión y se hizo alumno de Oxford a la edad de 17 años.

Hawking deseaba dedicar todas sus fuerzas a la ciencia y no iba a gastar tiempo en entretenimientos. Pero los estudios eran fáciles para él y tomaban muy poco tiempo, por lo que el joven estudiante se aburrió pronto y comenzó a buscar su mundo social con sus compañeros de clase. Stephen Hawking quería hacerse uno muy de adentro en la comunidad estudiantil y es más, gozar de popularidad en ella.

El tutor de Hawking en Oxford, Robert Berman, profesor de física, recordó a su talentoso tutelado tal como sigue:

«Para hacer algo, le era suficiente saber que esto era posible. Y ya podía hacerlo sin averiguar cómo lo hacían los demás».

La comunicación con sus compañeros Hawking la enfocó como un problema científico. En pocas semanas, se hizo un joven ingenioso y sociable, amante de música y ciencia ficción, capitán del equipo universitario de remo y valiente temerario que era bienvenido en cualquier tertulia.

Pero todo esto no logró reconciliar a un estudiante soñador de las investigaciones científicas con los estudios en Oxford que le parecían demasiado lentos y aletargados. Hawking no ocultaba su superioridad intelectual ante estudiantes y profesores de menor talento y criticaba a catedráticos. Así que, en última instancia, tanto Hawking como los profesores de Oxford dieron con alivio un suspiro cuando Stephen decidió continuar su educación y labores científicas en Cambridge.

Titán

Fue en la Universidad de Cambridge en 1962 donde Stephen Hawking procedió a las investigaciones en materia de la cosmología y la gravedad cuántica que iban a ser principales en su vida. Logró éxitos impresionantes; le presagiaban la gloria del físico teórico más importante del siglo. Él propio Hawking estaba seguro de que iba a hacer grandes descubrimientos porque en realidad no había retos que no podía afrontar.

Sin embargo, al cabo de unos meses, esta confianza se esfumó tras un golpe inesperado. Los médicos le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica y predijeron que el paciente tenía como máximo dos años de vida. La incurable afección del sistema nervioso central causó parálisis progresiva, y el período determinado por los médicos hizo toda labor científica carente de todo sentido. Eso sería suficiente para que se le cayeran las alas para siempre y esperara a que llegase el final.

Además de sentirse mal físicamente, Hawking también padecía depresión. Pronto se descubrió que la enfermedad progresaba más despacio de lo que los médicos habían esperado, y Stephen Hawking volvió a trabajar, dándose cuenta de que todavía tenía tiempo. Después de haber tomado el doctorado en las características de los universos en expansión, prosiguió con sus estudios en Cambridge y comenzó a dar conferencias sobre la teoría de la gravedad, las matemáticas y la física sin reparar en que la enfermedad le hacía más penoso caminar y hablar.

El apoyo de sus amigos y su prometida, Jane Wilde, le permitió superar los momentos difíciles. Stephen y Jane empezaron a salir juntos antes de que el joven científico cayera enfermo, y en 1965 los jóvenes se casaron. Tienen tres hijos. La pareja vivió en unión por más de 30 años, haciendo frente a los problemas que crecían en número debido a la deteriorada salud de Stephen. En 1995, Hawking se separó de su primera esposa para contraer un nuevo matrimonio, con Elaine Mason, que era su enfermera. Después de 11 años de matrimonio, Elaine y Hawking se divorciaron, y el científico reanudó estrechas relaciones con su primera esposa, hijos y nietos.

Todo se lo puede convertir en éxito

Casi todo lo que el mundo sabe sobre Hawking es el resultado de sus dolorosas pruebas y habilidad de superarlas, aceptando una y otra vez estas condiciones sin perder el coraje y el sentido del humor. Parece que estas cualidades le infundían a Hawking una fuerza sobrenatural y una habilidad de convertir absolutamente todo en éxito.

En 1985, Stephen Hawking padeció una grave neumonía. Se le operó varias veces la tráquea tras lo cual perdió para siempre la capacidad de hablar. Los amigos del científico le regalaron un sintetizador de voz instalado en una silla de ruedas. El dispositivo era controlado por un dedo índice. Pero la parálisis progresó, y pronto la movilidad se quedó sólo en un músculo mímico de una mejilla. El sintetizador de voz y la computadora del científico fueron reequipados, siendo controlados ahora con un sensor fijado a esa mejilla.

Al recibir las señales del sensor, el sintetizador las transformaba en sonidos de voz y en palabras grabadas de antemano. El primer sintetizador reproducía el habla con un fuerte acento estadounidense. Más tarde, cuando aparecieron nuevos modelos, se hizo posible elegir el sonido de la voz artificial, pero Hawking se negó ya que se había acostumbrado al malsonante acento inicial asociándolo con su propia manera de hablar. Y el mundo se mostró de acuerdo con el hecho de que esa voz convenía al genio británico.

Su voz digital se hace oír no sólo en varias composiciones musicales de mucha popularidad. Con una imperturbable ironía propia de él, el investigador sonorizó su personaje en las series animadas «Los Simpsons» y «Futurama», protagonizó «Star Trek» y «The Big Bang Theory», se hizo la voz del narrador detrás de las escenas de la serie «Crónicas del futuro». En una entrevista, se le preguntó en qué el público estaba equivocado con respecto a él. «La gente piensa que soy un personaje de los Simpson», respondió imperturbable Hawking, consciente, sin duda, de que era una verdadera estrella como Michael Jackson o Madonna. Y eso no lo molestaba en absoluto. Su éxito en el mundo del espectáculo hizo que otras iniciativas de Hawking fueran aún más exitosas.

Sus descubrimientos sentaron las bases para una ciencia novedosa: cosmología cuántica. Estudió agujeros negros y predijo acontecimientos asociados con ellos, entendiendo a fondo este fenómeno absolutamente incomprensible para la mayoría de la gente. Al mismo tiempo, supo contar sobre el Universo y sus procesos complejos y multidimensionales de manera tan sencilla que sus libros de física teórica se convertían en los de mayor venta: «Una breve historia del tiempo» (1988), «Agujeros negros y pequeños universos» (1993), «El universo en una cáscara de nuez» (2001).

En 2006, se puso a escribir una serie de libros para niños con su hija Lucy Hawking. «La clave secreta del universo» y «El tesoro cósmico», «El origen del universo», «George y el código irrompible» y «George y la luna azul» son historias que narran de las aventuras de seis amigos en compañía de un científico con cabeza despejada y un superordenador y que han pasado a ser para los niños lo mismo que para sus padres era «Una breve historia del tiempo», o sea, una explicación simple y apasionante de las cosas que parecían impenetrables.

Stephen Hawking: la vida en el universo

La mayoría de los humanos viven en sus hogares, ciudades y países. Todo el universo constituía el hogar para Hawking ya que lo conocía y entendía mejor que nadie. Su curiosidad y deseo de probar, aprender y comprender algo nuevo siempre han sido más fuertes que cualesquiera obstáculos, dudas o temores. Eso es lo que le ayudó a vencer las circunstancias, conseguir el éxito y, sin lugar a dudas, la felicidad. Después de todo, no hay muchos individuos de buena salud quienes podrían hablar de sí mismos usando las palabras de Hawking:

«He tenido mucho éxito en mi trabajo científico y me he convertido en uno de los científicos más conocidos del mundo. Tengo tres hijos y tres nietos. He viajado mucho, estuve en la Antártida, me reuní con los presidentes de Corea, China, India, Irlanda, Chile y Estados Unidos. Estaba en un submarino y volaba en un avión con gravedad cero, preparándome para volar al espacio. A pesar de mi discapacidad, he logrado hacer la mayor parte de las cosas que deseaba. Sólo lamento no poder jugar con mis hijos y nietos tan plenamente como me gustaría».