En la cocina el horno del desayuno emitió un siseante suspiro, y de su tibio interior brotaron ocho tostadas perfectamente doradas, ocho huevos fritos, dieciséis lonjas de tocineta, dos tazas de café y dos vasos de leche fresca.

-Hoy es 4 de agosto de 2026 -dijo una voz desde el techo de la cocina- en la ciudad de Allendale, California -repitió tres veces la fecha, como para que nadie la olvidara-. Hoy es el cumpleaños del señor Featherstone. Hoy es el aniversario de la boda de Tilita. Hoy puede pagarse la póliza del seguro y también las cuentas de agua, gas y electricidad.

Ray Bradbury. Vendrán lluvias suaves

Ud. debe reconocer que esto ha pasado a cada uno al menos una vez en su vida: viene Ud. a la oficina o a las clases en la Universidad y de repente se revienta un espanto en la cabeza: ¿Está apagada la plancha? ¿No se va el agua al piso?, ¿Están cerradas las ventanas en la tormenta? ¡Acaso pocas sean situaciones como estas! Bastaría con reparar en ellas y hasta el fin del día tendrá presentes en la cabeza imágenes, siendo una peor que otra.

¡Pero todo va a cambiar pronto! Podremos controlar lo que pasa en nuestros hogares de forma remota. Pues el Internet de las Cosas corre ya en socorro, una tecnología que conexiona las cosas, es decir, aparatos electrónicos, en una sola red, permitiéndoles interactuar sin intervención humana.

Cómo sobrevino el Internet de las Cosas

El concepto de un mundo en el que las cosas sirvan a los humanos no tiene nada de nuevo. Quizá cada pueblo tenga cuentos de hadas en los que ollas mágicas cocinen por sí solas o mantequeras batan manteca, manteles ofrezcan manjares o relojes den consejos. Mientras tanto, las novelas de ciencia ficción, describiéndo un futuro lejano, no dejan de presentar maravillas de tecnología inteligente. Ray Bradbury mismo, a quien no le gustaban novedades técnicas, fue uno de los primeros en retratar un sistema que hoy conocemos como «Casa Inteligente».

1990. El ingeniero estadounidense John Romkey, para pasar tiempo, desarrolló un nuevo modelo de tostadora capaz de conectarse a Internet. El inventor encendió y apagó la tostadora remotamente y perdió interés hacia la máquina. Pero, fuese como fuese, la primera «Cosa Internet» salió al mundo real.

1999. En el Instituto Tecnológico de Massachusetts, comenzó a operar el Centro de Identificación Automática. Desarrollaba tecnologías de identificación por radiofrecuencia que hoy en día ya

están en operación, por ejemplo, en centros de compras cuando a la salida de la sala comercial los sensores leen la señal de la etiqueta en el producto. Los ingenieros del Centro han formulado y desarrollado una idea conocida como el Internet de las Cosas o el Internet de lo Material (Internet of Things o IoT (por sus siglas en inglés)).

2011. Los dispositivos conectados a la Red Informática Mundial superan en número a los usuarios conectados. Es este momento que se reconoce como el comienzo de la era del Internet de las Cosas.

inInternet de las Cosas: ficción hecha realidad

Para qué es necesario

Estado: administración y control. Para la mayoría de los habitantes del planeta no es ninguna dificultad encender y apagar con sus propias manos tostadoras, molinillos de café y aspiradoras. Así que el Internet de las Cosas aún no goza de exorbitante demanda entre la población. Sin embargo, lo necesitan los Estados y sus gobiernos para controlar y administrar los procesos.

Corea del Sur y China, India y la Unión Europea ya están utilizando tecnologías de «ciudad inteligente». Valiéndose de las mismas, reglamentan, por ejemplo, el transporte urbano. Los servicios públicos del Reino Unido y Estados Unidos controlan a distancia la cantidad de electricidad consumida por los residentes, utilizando «contadores inteligentes».

Business: optimación, rendimiento y ahorro. Las corporaciones internacionales están implementando de buena gana el Internet de las Cosas en los dominios donde, haciendo uso del mismo, se pueda obtener ventajas competitivas. Es decir, reducir los costos de producción y almacenamiento, transporte y mantenimiento del producto. He aquí un par de ejemplos.

GE Aviation (Estados Unidos) es un fabricante de motores aeronáuticos dotados de sensores integrados. La capacidad de leer a distancia toda la historia operacional de una aeronave representa una herramienta por excelencia para planear inspecciones y renovaciones. ¿Cree que sea una minucia? Mientras tanto, los costos de mantenimiento de tales aviones se ven reducidos siete veces. Imagínese sólo el ahorro a nivel de un aeropuerto privado para comprender por qué los motores deGE Aviation están muy solicitados en el mercado.

Rio Tinto (Australia) es una empresa minera que tiene un centro de control de … camiones volcadores. Camiones no tripulados pueden operar sin interrupción y perciben comandos del centro a una distancia de 1.200 km.

Capacidades razonablemente limitadas

El sistema «Casa Inteligente» o sus componentes están ya en uso en el hogar de uno de cada cuarto usuarios en Estados Unidos. Mire a su alrededor: tampoco escasean aparatos electrónicos con dispositivos sensitivos. Basta con darles acceso a Internet y la tecnología inteligente comenzará a funcionar en armonía, librándonos de preocupaciones.

A título de ejemplo: los detectores de polvo pondrán en funcionamiento una aspiradora. El refrigerador por su propia iniciativa pedirá el suministro de provisiones y reciclará los comestibles fuera de la fecha, controlando que Ud. no compre lo que esté de más. Al sincronizarse con una báscula de suelo, podrá incluso cuidar de su dieta. ¿Esconderá de Ud. panecillos y helado de crema? Únicamente si incorpora tal función en su software.

Dicho sea con otras palabras, la tecnología del futuro asumirá tareas rutinarias que odiamos hacer nosotros. Nos resta sólo suspirar: ¿por qué el Internet de las Cosas todavía no lo hace todo por nosotros? Hay varias razones.

Proyectos en desarrollo. No es fácil presagiar cuándo se producirán todos los componentes de un gran rompecabezas para un Internet de las Cosas totalitario. Hoy por hoy, según unestudio de Cisco, el 60% de los proyectos en este campo no se implementan, reconociéndose como fallidos más del 30% de los hechos realidad.

Energía. Cada objeto dentro del Internet de las Cosas debe estar equipado con sensores transceptores autónomos. En la realidad de hoy día, eso significa que miles de millones de dispositivos, incluidos los de difícil acceso, deberían funcionar alimentados por baterías. Está claro que esta solución no es aceptable. Por lo tanto, se está buscando hoy en día una solución de cómo abastecer tales sensores con energía eléctrica asequible.

Esta tarea, dicho sea a propósito, ha resultado ya en un grandioso avance disruptivo: en 2010, se estrenó en Estados Unidos un nanogenerador. Es un chip que puede transformar en electricidad sencillos movimientos humanos, por ejemplo, flexión de un dedo.

IP direcciones. Cada aparato conectado a Internet requiere una singular IP dirección. Nos cuesta trabajo pensar que la escasez de tales direcciones pueda convertirse en un desafío. Para ejemplificar, en 2010, se agotaron las direcciones IPv4, la cuarta versión del protocolo Internet que existe desde los años 80 del siglo XX. Mas esto no nos impidió conectar a Internet más y más aparatos porque, para aquel momento, ya se había dado con los métodos de ampliar las capacidades de IPv4.

Pero, en el caso del Internet de las Cosas, se trata de miles de millones de sensores que necesitarán miles de millones de nuevas IP, y la cuarta versión ya no se extenderá para tantas. Será indispensable adoptar una nueva versión, IPv6, lo cual requeriría reestructurar toda la red a gran escala.

Seguridad. Nuevas oportunidades surgen a menudo apareadas con nuevos riesgos. Tomar en cuenta y prevenir todos los retos que puedan salir a flote es una tarea que afrontan los promotores del Internet de las Cosas ahora mismo. Se han desarrollado ya los estándares técnicos con los que deben cumplir los dispositivos. No obstante, aún quedan interrogantes pendientes incluyendo la protección de los datos personales de usuarios.

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El futuro se avecina ya

Las experiencias de la humanidad muestran que no se desechará una invención por ser todavía imperfecta. Elementos del Internet de las Cosas ya se ven gradualmente implementados. Las oportunidades que este brinda a las empresas y las entidades gubernamentales son inmensas. Esto quiere decir que habrá tanto demanda como financiamiento de nuevos desarrollos./span>

Hoy en día, estas tecnologías son más solicitadas en el transporte, la producción industrial y los servicios de utilidad pública (comprobación remota de indicaciones en los contadores). Dentro de la Unión Europea, está evolucionando eCall, un sistema avisador automático de accidentes del tráfico y, en 2018, todos los automotores europeos estarán ya equipados con sensores autónomos que son imprescidibles justamente para todo dispositivo IoT. Así que el Internet de las Cosas viene entrando en nuestras vidas despacio, pero infalible y para siempre./span>

Según las previsiones estimativas, en 2020, hasta 50 mil millones de dispositivos se conectarán a la red. Con ello, unos seis billones de dólares se invertirán en el desarrollo de nuevos aparatos para el Internet de las Cosas. Así que el mundo no podrá prescindir ni de IoT ni de la red global.